miércoles, 15 de febrero de 2017

La vida de los otros

22/02/2017
La vida de los otros
17:00-19:00
Visionado de la película La vida de los otros.
19:00-19:15
DESCANSO
19:15-20:00
Debate sobre la película



Este es el tráiler de la película de Florian Henckel von Donnersmarck sobre la que debatiremos en la próxima sesión:


Nos hace mucha ilusión compartir el cartel que diseñó nuestro querido Javier. Gracias, compañero. Qué arte.



3 comentarios:

  1. Además de un excelente guion (donde echo en falta una segunda participación de la vecina de la mirilla), ¿qué tiene esta película de literario?

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  2. Querido Nacho,
    Me atrevo a expresarte, en respuesta a tu peegunta, los temas literarios que se van desvelando en esta bella película.
    -La eterna lucha y terrible dilema entre el bien y el mal.(Me queda por redefinir el significado de bien y el mal).
    -La fuerza de la "rueda del terror"cuando se pone en movimiento en la sociedad. Miedo al dolor de los seres queridos, al propio sufrimiento, a perder el sentido de la vida, la propia identidad.
    -La libertad de una persona para poder cambiar el destino de su vida (me queda por redefinir la palabra libertad).
    -Lo inverosímil y absurdo de los vaivenes sociales y políticos que sufre la humanidad que la sumergen en un caos cruel e indigno que contemplamos con parsimonia.
    -Y por último, el don que la Naturaleza nos ha concedido de percibir la belleza del arte y de ella misma que nos ayude a despegar los pies del suelo y elevarnos a un mundo que nos reconcilie con nosotros mismos.
    Estos son los temas literarios que este film, a mi pequeño entender, trata.

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  3. Balada para un buen hombre
    (inspirada en la película “La vida de los otros”)

    Hay en la vida de un hombre, motores que movilizan sus pasos. La libertad, para unos. El amor, para otros. Para muchos, los sueños, proyectos, ilusiones y metas. Cada uno de nosotros elige, consciente o inconscientemente, a veces sin siquiera plantearlo, el motor que regirá nuestra energía. Ese motor nos moviliza, nos guía y hasta condiciona nuestros actos, y toda nuestra vida, a veces, puede girar en torno a él. Es un ideal, una meta o un sueño, pero siempre, invariablemente, es la fuerza que da razón a nuestra existencia, a nuestro paso por el mundo.
    Cuando jóvenes era nuestro ideal, por ejemplo cambiar el mundo, destruir los esquemas injustos, crear una nueva sociedad, un nuevo modelo que diera respuesta a las demandas de todos los segmentos sociales, especialmente los más desafortunados. Era un sueño..? Una meta, quizás…? Un ideal, siempre. Teníamos edad para soñar y soñábamos con ideales, que luego la realidad y el devenir de los años se encargarían de desmitificar. Pero eran parte de nuestros sueños y por ellos luchábamos y en ellos creíamos, y así fueron surgiendo grandes figuras que en nombre de esa lucha, crearon sistemas que pretendían ser un ideal social. Esos sistemas se valieron de personas que creían en su doctrina y con una fe rayando en la ingenuidad trabajaban por ese modelo, entregando su vida a esa causa.
    Así era Gerd, un hombre bueno, simple, leal y comprometido. Un hombre que comprometió su vida, simple y solitaria a la causa en la que creía. Un hombre, diría yo, fiel a sí mismo. Que luchaba en el día a día por las cosas en las que creía, por su modelo y su sistema. Y, en ese compromiso, fue dejando un hueco grande y profundo a su soledad, a su vida sin luces ni risas ni afectos. Una vida que se fue tornando gris, como su piel y sus años, sin casi percatarse.
    Simple, porque no tenía grandes sueños ni proyectos ni ilusiones. Sólo sabía cumplir con su deber, con sus normas y el pensamiento y la razón, las dejaba para los otros, los que estaban arriba, los auténticos cerebros de ese sistema en el que él era sólo un engranaje más, y así lo asumía.
    Leal y comprometido, porque en su lealtad iba su entrega, su necesidad de transmitir a otros sus propias capacidades, para seguir sosteniendo aquello en lo que creía y por lo cual luchaba. Leal, en su necesidad de acatar las normas sin cuestionarlas. Leal, en su entrega sin tiempos ni medidas a una causa en la que depositaba toda su fe. Comprometido, al punto de someter sus emociones a su compromiso.
    Gerd, un hombre bueno que no había vivido, ni siquiera se había permitido soñar. Creyó en su causa, trabajó por ella y por ella también renunció a su propia vida. Un hombre simple, que dejaba el “pensar” para los otros hasta que un día, su propia labor le abrió las puertas para dejarle ver otra vida, a otras maneras de vivirlas, otras maneras de sentir y de creer. Y a través de ese aprendizaje, descubrió lo mejor de sí mismo, mientras todos sus sueños e ideales caían destrozados por una realidad donde nada ni nadie era lo que parecía ser, y en la que el sistema por cuya causa tanto entregó de sí, era sólo una fantasía cargada de tantas miserias e hipocresías como las personas que la controlaban. Y esa nueva visión de la realidad, esos



    personajes que incursionaron en su vida, fueron el germen que permitió aflorar al hombre bueno, cuya causa más justa fue defender, una vez más, aquello en lo que creía sólo que esta vez, valió la pena. Y le valió una “Serenata para un hombre bueno”.

    30 de septiembre de 2011

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